martes, 23 de febrero de 2010

EL CUERPO VITAL- P R E F A C I O



EL CUERPO VITAL

por Max Heindel

THE ROSICRUCIAN FELLOWSHIP

P R E F A C I O

La escuela de Sabiduría Occidental enseña como precepto fundamental que “todo desarrollo oculto
comienza en el cuerpo vital” como lo ha expresado Max Heindel, iniciado de la Orden Rosacruz.
Por lo tanto, con el fin de presentar de una manera concisa y comprensible toda la información
importante que el fundador de la fraternidad Rosacruz comunicó en sus múltiples escritos –cartas,
lecciones y libros-, respecto al vehículo etérico, publicamos en un volumen todo este material
compilado. Tanto para el lego en las enseñanzas ocultas, como para el estudiante adelantado,
creemos que esta información será de mucho valor práctico.
Un núcleo de estudiantes de la Escuela de Sabiduría Occidental, con amor y abnegación han
sacrificado su tiempo y sus esfuerzos en la preparación de este material para su publicación, y hacen
votos para que cada ejemplar de este libro lleve un mensaje de luz e inspiración al aspirante
espiritual que se empeñe en seguir el camino de Cristo.

ÍNDICE DE MATERIAS


Prefacio

Introducción

parte 1 - EVOLUCIÓN PASADA DEL CUERPO VITAL DEL HOMBRE

Capítulo I DURANTE PERÍODOS Y REVOLUCIONES

Capítulo II EVOLUCIÓN PASADA DEL CUERPO VITAL DEL HOMBRE

parte 2 - EL CUERPO VITAL DEL HOMBRE EN LA ÉPOCA ARIA ACTUAL

Capítulo III SU NATURALEZA Y SUS FUNCIONES

Capítulo IV SALUD Y ENFERMEDAD

Capítulo V SUEÑO Y ENSUEÑOS

Capítulo VI LA MUERTE Y LOS MUNDOS INVISIBLES

Capítulo VII HACIA EL RENACIMIENTO

Capítulo VIII LOS NIÑOS


parte 3 - EL CUERPO VITAL DE LOS ANIMALES Y DE LAS PLANTAS

Capítulo IX SU NATURALEZA Y SUS FUNCIONES

parte 4 - RELACIÓN DEL CUERPO VITAL CON EL DESARROLLO ESPIRITUAL

Capítulo X UN FACTOR IMPORTANTE

Capítulo XI EFECTO DE LAS ORACIONES, DE LOS RITUALES Y DE LOS EJERCICIOS

Capítulo XII LA INICIACIÓN ANTIGUA

Capítulo XIII DESARROLLO POSITIVO Y NEGATIVO

parte 5 - EL CUERPO VITAL DE JESÚS

Capítulo XIV UN VEHÍCULO PARA EL CRISTO


del libro "El Cuerpo Vital", de Max Heindel

I N T R O D U C C I Ó N

I N T R O D U C C I Ó N


La Filosofía Rosacruz, enseña que el hombre es un triple Espíritu que posee una mente, gobernando
con ella un triple cuerpo, que emanó de sí mismo para adquirir experiencia. Este triple cuerpo el
Espíritu lo transforma en una triple alma, de la cual se nutre elevándose así de la impotencia a la
omnipotencia. El Espíritu Divino emana de sí mismo el cuerpo denso, extrayendo como fruto el
Alma Consciente; el Espíritu de Vida emana de sí mismo el cuerpo vital, extrayendo como fruto el
alma Intelectual, el Espíritu Humano emana de sí mismo el cuerpo de deseos, extrayendo como
fruto el Alma Emocional. El cuerpo vital está formado de éter y compenetra el cuerpo visible,
asimismo como el éter compenetra todas las cosas, con la única excepción que el ser humano
especializa una mayor cantidad de éter universal. El cuerpo etérico es nuestro instrumento para
especializar la energía vital del sol.
La Filosofía Rosacruz enseña también que nuestro esquema evolutivo prosigue a través de cinco de
los siete Mundos o estados de materia (Físico, del Deseo, del Pensamiento, Mundo del Espíritu de
Vida, Mundo del Espíritu Divino), en siete grandes Períodos de Manifestación (de Saturno, Solar,
Lunar, Terrestre, de Júpiter, de Venus y de Vulcano), a través de los cuales los Espíritus Virginales,
o la vida evolucionante, se convierten primero en hombres y finalmente en Dioses. Ahora estamos
en el cuarto, o Período Terrestre, que se divide en siete Revoluciones, y también en siete Épocas: la
Polar, Hiperbórea, Lemúrica, Atlante y Aria, además vendrá la Época Galilea y el Reino de Dios
(ver el concepto Rosacruz del Cosmos, págs. 155-311). Al comienzo del Período de Saturno doce
grandes Jerarquías Creadoras estaban activando el trabajo de la Evolución. Dos de esas Jerarquías
ejecutaron algunos trabajos al principio para ayudar y después se retiraron de la existencia limitada a
la liberación. Otras tres jerarquías Creadoras las siguieron al principio del Período Terrestre –los
Señores de la Llama, los Querubines y Serafines- quedando siete Jerarquías en servicio activo
cuando empezó el Período Terrestre: los Señores de la Sabiduría, los Señores de la Individualidad,
los Señores de la Forma, los Señores de la Mente, los Arcángeles, los Ángeles y los Espíritus Virginales.

*

del libro "El Cuerpo Vital", de Max Heindel

*

EVOLUCIÓN PASADA DEL CUERPO VITAL DEL HOMBRE



EVOLUCIÓN PASADA DEL CUERPO VITAL DEL
HOMBRE

Capítulo I

DURANTE PERÍODOS Y REVOLUCIONES

La evolución del cuerpo vital y del Espíritu de Vida, siendo el primero su contraparte, se comenzó
en el Segundo Período, o solar, de los Siete grandes Días de Manifestación. Desde entonces el
cuerpo vital fue reconstruido y alcanzará la Perfección en el Período de Júpiter. Más adelante la
humanidad no lo necesitará; sin embargo la quintaesencia de este vehículo se conservará.
El Espíritu de Vida y el cuerpo vital iniciaron su evolución en el Período Solar y en consecuencia el
Hijo se hizo cargo especialmente de aquellos.
Los Señores de la Llama habían dado anteriormente el germen del cuerpo denso y, en la primera
mitad de la Revolución de Saturno del Período Solar, tuvieron que hacer algunas mejoras en él.
En el Período Solar se comenzó la formación del cuerpo vital, con todas las cualidades
consiguientes de asimilación, crecimiento, propagación, glándulas, etc.
Los Señores de la Llama incorporaron al germen del cuerpo denso únicamente la capacidad de
desarrollar los órganos de los sentidos. En el intervalo que estamos considerando se hizo necesario
cambiar el germen de tal manera que permitiera su interpenetración por un cuerpo vital y la
capacidad de desarrollar glándulas y un canal alimenticio. Esto se efectuó por la acción conjunta de
los Señores de la Llama que proporcionaron el germen original, y los señores de la Sabiduría, que se
hicieron cargo de la evolución material en el Período Solar.
Cuando los Señores de la Llama y los Señores de la Sabiduría, en la Revolución de Saturno del
Período Solar, hubieron reconstruido conjuntamente el cuerpo denso en germen, los señores de la
Sabiduría, en la segunda Revolución, iniciaron el trabajo correspondiente en realidad al Período
Solar, irradiando de sus propios cuerpos el germen del cuerpo vital, haciéndolo así capaz de
interpenetrar al cuerpo denso y dándole al germen la capacidad para ulterior crecimiento y
propagación, excitando los centros de los sentidos del cuerpo denso y obligándolo a moverse. En
una palabra, aquellos proporcionaron, en germen, al cuerpo vital todas las facultades que se están
ahora desarrollando para convertirlo en un instrumento flexible para uso del Espíritu.
Debemos hacer notar que como la primera Revolución, o de Saturno, de cualquier período está
relacionada con el trabajo del cuerpo denso (porque comenzó en una primera Revolución) así la
segunda, o Revolución Solar, de cualquier período, está relacionada con el mejoramiento del cuerpo
vital, que comenzó en una segunda Revolución.
Puede decirse que, en el Período solar, el hombre atravesó la existencia vegetal. Tenía un cuerpo
denso y un cuerpo vital, como lo tienen las plantas y su conciencia, como la de éstas, era de sueño
sin ensueños.
Así que hubo dos clases o reinos en el Período Solar; la de los rezagados del Período de Saturno,
que eran minerales aún, y los adelantados del Período de Saturno, que ya podían recibir el germen
del cuerpo vital y hacerse análogos a las plantas.
A mediados de la Séptima Revolución del Período Solar, los señores de la Sabiduría se hicieron
cargo del espíritu de Vida en germen, dado por los Querubines en la sexta Revolución del Período
Solar. Hicieron esto con el objeto de conexionarlo al espíritu Divino. Su mayor grado de actividad
en esta labor se desplegó en la Noche Cósmica, que se produjo entre los Períodos Solar y Lunar. Al
alborear el Período Lunar, cuando la oleada de vida partió para su nuevo peregrinaje, reaparecieron
los Señores de la Sabiduría, trayendo consigo los vehículos germinales del hombre en embrión. En
la primera Revolución, o de Saturno del Período Lunar, aquellos cooperaron con los “Señores de la
Individualidad”, que se hicieron cargo especialmente de la revolución material del Período Lunar, y
juntos reconstruyeron el germen del cuerpo denso, traído desde el Período Solar. Este germen había
desarrollado órganos embrionarios de los sentidos, órganos digestivos, glándulas, etc., y fue
interpenetrado por un cuerpo vital germinal que difundió cierto grado de vida en el denso cuerpo
embrionario. Por supuesto, éste no era sólido y visible tal como lo es ahora, aunque hasta cierto
punto estaba un tanto organizado y era perfectamente visible y distinto para la vista clarividente y
desarrollada del investigador competente, que estudia la memoria de la Naturaleza para conocer ese
lejanísimo pasado.
En la segunda revolución, o Solar del Período Lunar, el cuerpo vital fue modificado con objeto de
darle la capacidad de ser interpenetrado por un cuerpo de deseos, así como también para que pudiera
acomodarse por sí mismo al sistema nervioso, muscular, óseo, etc. Los señores de la sabiduría que
fueron los originadores del cuerpo vital, también ayudaron a los Señores de la Individualidad en este
trabajo.
En la sexta Revolución del Período Lunar, los Querubines reaparecieron y vivificaron al Espíritu de
Vida de aquellos que habían quedado atrás en el Período Solar, pero que desde entonces habían
alcanzado el grado de desarrollo necesario, y también lo vivificaron en aquellos rezagados del
Período Solar que no habían desarrollado el cuerpo vital durante su existencia vegetal en el Período
Lunar.
Los adelantados de la nueva Oleada de vida habían estado atravesando un grado inferior de
existencia vegetal; sin embargo, la mayoría de ellos, habían desarrollado el cuerpo vital lo
suficiente, como para permitir el despertar del Espíritu de vida.
Así que los tres últimos poseían los mismos vehículos al principio del Período Terrestre, aunque
únicamente los dos nombrados primero pertenecen a nuestra oleada de vida, y tienen la posibilidad
aún de sobrepasarnos, si pasan el punto crítico que tendrá lugar en la próxima revolución del
Período Terrestre. Los que no puedan pasar ese punto quedarán detenidos hasta que alguna
evolución futura llegue al grado en el que puedan unirse a ella y proseguir su desarrollo en un nuevo
período humano. Serán excluidos y no podrán seguir con nuestra humanidad, porque ésta se habrá
desarrollado dejándolos tan lejos, que serían una verdadera traba para el progreso nuestro si
tuviéramos que hacernos cargo de ellos. No serán destruidos, sino que quedarán solamente a la
espera de otro período evolutivo.
Al final del Período Lunar, esas clases poseían los vehículos indicados en el diagrama 10 del
Concepto Rosacruz del Cosmos, y con ellos partieron al principio del período Terrestre. Durante el
tiempo transcurrido desde entonces, el reino humano ha estado desenvolviendo el eslabón de la
mente y ha alcanzado en consecuencia la plena conciencia de vigilia. Los animales han obtenido un
cuerpo de deseos; las plantas un cuerpo vital; los rezagados de la oleada de vida que comenzó su
evolución en el Período Lunar, han escapado a la dura y pesada condición pétrea y ahora sus
cuerpos densos los componen nuestras tierras blandas y suaves, en tanto que la oleada de vida que
comenzó su evolución aquí, en el Período Terrestre, forma las rocas y piedras más duras.
Vemos pues que al terminar el Período Lunar el hombre poseía un cuerpo triple en distintos grados
de desarrollo, así como también el germen del triple espíritu. El hombre tenía un cuerpo denso, vital
y de deseos y el Espíritu Divino, de Vida y Humano. Le faltaba el eslabón para conexionarlos.
Otra jerarquía creadora cuidó especialmente de los tres gérmenes del cuerpo denso, vital y de
deseos, conforme evolucionaba. Aquella fue la que, bajo la dirección de otras Órdenes más
elevadas, hizo el trabajo principal en esos cuerpos empleando la vida evolucionante como una
especie de instrumento. Esta Jerarquía es llamada “Señores de la Forma”. Y habían ya evolucionado
tanto, que pudieron tomar a su cargo el tercer aspecto del Espíritu del hombre –Espíritu Humano- en
el próximo Período: El Terrestre.
Examinemos pues el asunto para ver lo que se puede esperar de aquel quien dice ser un Maestro.
Para eso debemos antes de todo preguntarnos: ¿Qué objeto tiene la existencia en el universo
material?. Podemos contestar a esta pregunta diciendo que es la evolución de la conciencia. Durante
el Período de Saturno, cuando éramos similares a los minerales actuales, nuestra conciencia era
análoga a la de un médium expulsado de su cuerpo por Espíritus del Mundo de Deseos durante una
sesión de materialización, cuando una buena parte de los éteres que componen el cuerpo vital ya
haya sido expulsada. Entonces el cuerpo físico está sumido en un trance profundo. En el Período –
Solar, cuando éramos semejantes a los vegetales actuales, nuestra conciencia era de sueño sin
ensueños, como sucede cuando el cuerpo de deseos, la mente y el espíritu han salido, dejando sobre
el lecho el cuerpo físico y vital. En el Período Lunar, hemos tenido una conciencia pictórica, como
la del sueño con ensueños, cuando el cuerpo de deseos se aleja solo parcialmente del vehículo denso
y del cuerpo vital. Aquí, en el Período Terrestre nuestra conciencia se dilató para ver las cosas fuera
de nosotros, lo que se consiguió colocando todos nuestros vehículos en una posición concéntrica,
como sucede en nuestro estado de vigilia.
El Período Terrestre es preeminentemente el Período de la Forma, porque aquí es donde la forma,
o la parte material de la evolución esta en su grado más elevado y su estado más pronunciado. Aquí
es donde el Espíritu está más desamparado y cohibido y la forma es el factor más dominante, y de
aquí el predominio de los Señores de la Forma.
Durante esta revolución (la segunda o la revolución Solar del Período Terrestre) se reconstruyó el
cuerpo vital con el objeto de acomodarlo a la mente germinal. El cuerpo vital tomó una forma más
parecida al cuerpo denso, de manera que se encontrará en las condiciones necesarias para poder ser
empleado como el más denso vehículo durante el Período Júpiter, cuando el cuerpo denso se haya
espiritualizado.
Los Ángeles, que eran la humanidad del Período Lunar, fueron ayudados por los Señores de la
Forma en su reconstrucción. La organización del cuerpo vital, es ahora en su eficacia, el más
próximo al cuerpo denso. Algunos que han escrito sobre este asunto, afirman que sólo es un
eslabón, y sostienen que no es más que el molde del cuerpo denso, y no un vehículo separado.
Si bien no deseamos criticarlos, y si bien admitimos también que esa afirmación parece ser
justificada por el hecho de que el hombre en su estado actual de evolución no puede ordinariamente
emplear su cuerpo vital como un vehículo independiente –porque siempre permanece con el cuerpo
denso, y extraerlo de él en total causaría la muerte de éste- sin embargo hubo un tiempo en el que no
estaba tan firmemente incorporado con el último, como veremos muy pronto.
Durante esas Épocas de la historia de la Tierra, ya mencionadas, que han sido llamadas Lemúrica y
Atlante- el hombre era un clarividente involuntario y precisamente la falta de conexión entre el
cuerpo denso y el vital era lo que producía este fenómeno. (Los Iniciadores de ese tiempo ayudaban
al candidato a perder esa conexión aún más, como en un clarividente voluntario.)
Desde entonces el cuerpo vital se entretejió mucho más firmemente con el cuerpo denso en la
mayoría de los hombres, pero en los sensitivos la conexión es floja. Esa falta de conexión es lo que
constituye la diferencia entre el psíquico y el hombre corriente, que está inconsciente de todo lo que
no sean vibraciones captadas por sus cinco sentidos Todos los seres humanos tienen que pasar a
través de este período de estrecha conexión de los vehículos y experimentar la consiguiente
limitación de conciencia. Hay, por lo tanto, dos clases de sensitivos: los que aún no se han
sumergido firmemente en la materia como por ejemplo, la mayoría de los hindúes, los aborígenes
americanos, etc., que poseen cierto grado de clarividencia o que son sensibles a los sonidos de la
Naturaleza, y aquellos que van a la vanguardia de la evolución. Estos últimos, están surgiendo del
pináculo de la materialidad, y pueden dividirse en dos clases, una de las cuales se desarrolla de una
manera pasiva, sin energía y voluntad. Por medio de la ayuda de otros, ellos vuelven a despertar el
plexo solar, u otros órganos relacionados con el sistema nervioso involuntario. Por lo tanto son
clarividentes involuntarios, médiums que no tienen gobierno alguno sobre su facultad. Han
retrocedido. La otra clase está compuesta por los que voluntariamente desarrollan los poderes
vibratorios de los órganos relacionados actualmente con el sistema nervioso voluntario y de esta
manera se convierten en ocultistas desarrollados que dominan sus propios cuerpos y ejercen la
facultad de la clarividencia a voluntad. Se los denomina clarividentes voluntarios o desarrollados.
En el Período de Júpiter el hombre funcionará en su cuerpo vital, de la misma manera que funciona
ahora en su cuerpo denso; como ningún desarrollo es súbito en la Naturaleza, el proceso de separar
los dos cuerpos ha comenzado ya. El cuerpo vital alcanzará un grado mucho mayor de eficiencia
que el que tiene actualmente el cuerpo denso. Como que es un vehículo mucho más flexible, el
Espíritu podrá, entonces, usarlo de una manera imposible de realizar con nuestro vehículo denso,
actual.
El cuerpo vital fue comenzado en la segunda Revolución del Período Solar, fue reconstruido en el
Período Lunar y Terrestre y alcanzará la perfección en e Período de Júpiter, que será su cuarto
estado, así como el Período Terrestre es el cuarto estado para el cuerpo denso.
La Naturaleza no malgasta nada. En el Período de Júpiter las fuerzas del cuerpo denso serán
superimpuestas sobre el cuerpo vital completado. Ese vehículo poseerá entonces los poderes del
cuerpo denso además de sus propias facultades y será por lo tanto un instrumento mucho más útil
para la expresión del triple Espíritu, que si estuviera constituido por sus solas fuerzas únicamente.
Similarmente, el Globo D de Período de Venus está situado en el Mundo del Deseo, y allí no podría
emplearse ni un cuerpo vital, ni un denso como instrumento de conciencia. En consecuencia, las
esencias de los cuerpos vital y denso perfeccionados serán incorporados en ese Período al completo
cuerpo de deseos, convirtiéndose así el último en un vehículo de cualidades trascendentales,
maravillosamente adaptado y sensibilísimo al menor deseo del Espíritu interno, que debido a
nuestras presentes limitaciones, está más allá de nuestra más elevada concepción.
Aun así, la eficiencia de ese espléndido vehículo será transcendida cuando en el Período de Vulcano
su esencia, junto con las de los vehículos vital y denso, se agreguen al cuerpo mental, que se
convertirá en la más elevada expresión de los vehículos humanos, conteniendo en sí mismo la
quintaesencia de lo mejor que había en sus vehículos. Si el vehículo del Período de Venus está tan
allá de nuestra comprensión actual; ¡cuánto más no lo estará el vehículo que estará al servicio de los
divinos seres del Período de Vulcano!

*

del libro "El Cuerpo Vital", de Max Heindel

*

DURANTE ÉPOCAS

Capítulo II

DURANTE ÉPOCAS



Las Épocas polar, Hiperbórea, Lemúrica y Atlante son recapitulaciones de las etapas que atravesaron los Espíritus Virginales y, por consiguiente, el cuerpo vital se modificó durante esas épocas.

Cuando el hombre en la Época Polar apareció por primera vez sobre la tierra, el cuerpo denso fue el primer vehículo que se construyó y en la Época Hiperbórea fue vitalizado por la interpenetración del cuerpo vital. En aquél entonces el hombre era parecido a los Ángeles, macho-hembra, una completa unidad creadora, capaz de engendrar por sí mismo proyectando toda su fuerza creadora: el amor.

Cuando la Tierra surgió del Caos, se encontraba en la etapa rojo-oscuro que conocemos como Época Polar. Entonces la humanidad desarrolló primeramente un cuerpo denso que no era absolutamente, como nuestro cuerpo actual, por supuesto. Cuando el estado de la Tierra se volvió ígneo, en la Época Hiperbórea, entonces se agregó el cuerpo vital y el hombre se convirtió en algo similar a las plantas, esto es, tenía los mismos vehículos que tienen las plantas actualmente y también una conciencia similar, que -quizás pudiéramos mejor calificar de inconsciencia, parecida a la que tenemos durante el sueño sin ensueños, cuando sólo los cuerpos vital y denso quedan en el lecho.

Los Señores de la Forma aparecieron en la Época Hiperbórea conjuntamente con los Ángeles (la humanidad del Período Lunar) y envolvieron la forma densa del hombre con un cuerpo vital.

Como la Época Polar era realmente una recapitulación del Período de Saturno, puede decirse que durante ese tiempo el hombre pasó a través del estado mineral; tenía el mismo vehículo -el cuerpo denso- y una conciencia semejante a la del estado de trance. Por razones análogas, atravesó el estado vegetal durante la Época Hiperbórea, pues el hombre tenía entonces un cuerpo denso y uno vital y su conciencia era semejante a la del sueño sin ensueños.

Absorbiendo los cristaloides preparados por los vegetales, el ser humano desarrolló un cuerpo vital en la Época Hiperbórea y se convirtió en algo similar a las plantas, tanto por su constitución como por su naturaleza, pues vivía sin hacer esfuerzo alguno y tan inconscientemente como las plantas.

En la segunda o Época Hiperbórea, se agregó un cuerpo vital de éter; entonces el hombre -en desarrollo ya poseía un cuerpo constituido como aquel de las plantas actuales. Caín, el hombre de esa época, es representado como un agricultor; sus alimentos provenían de los vegetales únicamente, en razón de que las plantas contienen la cantidad mayor de éter entre todos los sólidos.
Se describe a Caín como un agricultor. Él simboliza el hombre de la segunda Época. Tenía un cuerpo vital análogo al de las plantas que lo sostenía.

En la segunda o Época Hiperbórea, Dios dijo: "Hágase la Luz", el calor se convirtió en una masa ígnea luminosa semejante a la del Período Solar y el cuerpo denso humano se encerró en un cuerpo vital flotando de aquí para allá sobre la Tierra ignescente, como una cosa grande en forma de saco o bolsa. El hombre era entonces análogo al vegetal porque tenía los mismos vehículos que tienen las plantas actuales y los Ángeles eran sus auxiliares en la organización de su cuerpo vital, como lo son en nuestros días.

Esto puede parecer una anomalía, pues los Ángeles son la humanidad del Período Lunar, en el que obtuvo el hombre su cuerpo de deseos. Pero no es así, porque únicamente en el Período Lunar la Tierra evolucionante se condensó en éter, tal como el que ahora forma nuestro cuerpo vital y la humanidad (los Ángeles actuales) aprendió allí entonces a construir sus cuerpos más densos con materia etérica, así como nosotros estamos aprendiendo a formar los nuestros con los sólidos, líquidos y gases de la Región Química. Y se hicieron muy expertos en la construcción de esos cuerpos, así como lo seremos nosotros en estructurar un cuerpo denso cuando finalice el período Terrestre.

En la Época Polar el hombre tenía solamente un cuerpo denso, pobremente organizado; de ahí que estuviera inconsciente e inmóvil como los minerales, que ahora están constituidos así. En la Época Hiperbórea su cuerpo denso quedó envuelto en un cuerpo vital y el Espíritu se cernía fuera. Los efectos de tal naturaleza pueden observarse en los vegetales, que están ahora constituidos análogamente.
En ellos vemos repetición constante, formación de tallos y hojas hacia arriba en sucesión alternada, lo que seguiría produciéndose ad infinitum de no haber otra influencia. Pero como la planta no tiene cuerpo de deseos separado, el cuerpo de deseos de la Tierra, el Mundo del Deseo, endurece al vegetal y frena su intenso crecimiento en cierta medida. La fuerza creadora que no puede encontrar expresión haciendo crecer a una planta particular, busca otra salida: forma la flor y se acumula en la simiente, para que pueda crecer otra vez en una nueva planta.

En la Época Hiperbórea, en la que el hombre se encontraba en parecidas condiciones, su cuerpo vital lo hacía crecer hasta alcanzar un tamaño enorme. El Mundo del Deseo al obrar sobre él, le hacía echar unas simientes semejantes a esporas, que o bien eran apropiadas por otros Egos humanos o eran empleadas por los espíritus de la Naturaleza para formar los cuerpos animales que comenzaban a emerger del Caos. (La oleada de vida superior es la que emerge primera al principio de un período y es la última que va al Caos; las siguientes oleadas de vida -animal, vegetal y mineral- surgen más tarde y se van más pronto).

De esa manera, en la Época hiperbórea, cuando el hombre era análogo a los vegetales en
constitución, su cuerpo vital formaba vértebra tras vértebra y hubiera seguido así si no se le hubiera dado un cuerpo de deseos en la Época Lemúrica. Ese cuerpo comenzó a endurecer la estructura y a dominar la tendencia a crecer, siendo el resultado de esto el cráneo, la flor que se encuentra al final del tallo de la columna espinal que comenzó entonces a formarse.
Obstaculizada en sus esfuerzos para construir una forma más grande, se hizo necesario que la fuerza creadora del cuerpo vital buscara otra salida por al cual pudiera seguir creciendo hacia arriba en otro ser humano. Entonces el hombre se hizo hermafrodita, capaz de generar un nuevo cuerpo de sí mismo.

Entonces llegamos a la segunda, o Época Hiperbórea, cuando el hombre poseía un cuerpo denso y un cuerpo vital; era similar en constitucióna a la planta. Se alimentaba de vegetales y se habla de Caín como de un agricultor. Inmediatamente después tenemos la Época Lemúrica, cuando el hombre ya tenía un cuerpo de deseos, es decir, él poseía tres vehículos, igual como los animales.

Entonces llegamos a la etapa, cuando el hombre necesita alimentos para mantener sus tres cuerpos.
Los obtiene de animales vivientes y se dice que Abel era un pastor.
Cuando el ser humano adquirió su cuerpo vital en la Época Hiperbórea, el Sol, la Luna y la Tierra estaban aún unidos y las fuerzas solares-lunares penetraban en cada ser en la misma medida, de modo que todos podían perpetuar su especie por brotes y esporas, igual como lo hacen las plantas actuales. Los esfuerzos del cuerpo vital para ablandar el vehículo denso y mantenerlo vivo, entonces no eran contrarrestados y esos cuerpos primitivos, parecidos a las plantas, vivían siglos. Pero como el hombre era inconsciente e inmóvil a la manera de las plantas, no hacía ningún esfuerzo, le faltaba ímpetu. La inclusión de un cuerpo de deseos agregó estímulo y deseos y la conciencia surgió como resultado del estado de guerra entre el cuerpo vital que construye y el cuerpo de deseos que destruye al cuerpo denso.

Entonces, la disolución ya solo era una cuestión de tiempo, sobre todo en razón de que la fuerza creadora era también dividida, pues una parte, o polo, servía para las funciones vitales del cuerpo y el otro para reemplazar el vehículo perdido por la muerte. Pero como dos polos de un magneto o dínamo son requeridos imprescindibles para la manifestación, asimismo dos seres de distinto sexo son imprescindibles para la generación; entonces para contrarrestar la muerte se instituyó el casamiento y el hombre empezó a nacer. La Muerte es el precio que pagamos para nuestra conciencia en este mundo. El casamiento y los nacimientos repetidos son nuestras armas contra el terror más grande de la humanidad -la Muerte- hasta que se cambie nuestra constitución y nos convirtamos en Ángeles.

Los vehículos superiores de los atlantes primitivos, no estaban en posición concéntrica con relación al cuerpo denso, como lo están los nuestros. El Espíritu no era aún del todo un Espíritu interno; estaba parcialmente al exterior y, por lo tanto, no podía dominarlos tan facilmente como cuando está completamente dentro. La cabeza del cuerpo vital estaba fuera y se mantenía mucho más arriba que la del cuerpo físico. Hay un punto entre las cejas a una media pulgada bajo el cutis que tiene un punto correspondiente en el cuerpo vital. Ese punto no es el cuerpo pituitario que está mucho más adentro de la cabeza del cuerpo denso. Puede llamarse la "raíz de la nariz". Cuando esos dos puntos del cuerpo vital y del físico se ponen en correspondencia, como sucede en el hombre acutal, el clarividente los ve como una manchita negra, o mejor dicho, como un espacio vacío, semejante a la
parte invisible de la llama del gas. Éste es el asiento del Espíritu interno del hombre, el Santuario de los Santuarios (Sancta Sanctorum) del templo del cuerpo humano, cerrado para todo lo que no sea el Espíritu morador del hombre, el Ego, cuyo hogar es. El clarividente desarrollado puede ver con mayor o menor claridad, de acuerdo con su capacidad y ejercitamiento, todos los dirferentes cuerpos que forman el aura humana. Únicamente ese punto, ese sitio, está oculto para él. Esto es la "Isis" cuyo velo nadie puede levantar. Ni aún el ser más evolucionado puede quitar el velo al Ego de la más humilde o menos desarrollada criatura. Eso y únicamente eso, sobre la tierra es tan sagrado que está completamente a salvo de toda intrusión.
Esos dos puntos de los que acabamos de hablar -uno en el cuerpo denso y su contraparte en el cuerpo vital- estaban muy separados en el hombre de los primitivos tiempos de la Atlántida, como lo está en los animales actuales. La cabeza del cuerpo vital del caballo está muy separada de la de su cuerpo denso. Esos dos puntos están más próximos en el perro que en cualquier otro animal, salvo quizás en el elefante. Si llegan a juntarse se da el caso de animales prodigios, que pueden contar, deletrear, etc.

Debido a la distancia entre esos dos puntos, el poder de percepción del atlante era mucho más agudo en los mundos internos que en el mundo Físico, obscurecido además por esa atmósfera de neblina densa y pesada. Con el tiempo, sin embargo, la atmósfera se fue haciendo gradualmente más clara; al mismo tiempo que el punto citado en el cuerpo vital se fue acercando poco a poco al punto correspondiente del cuerpo denso. Conforme se iban aproximando, el hombre iba perdiendo su contacto con los mundos internos, haciéndose estos más oscuros conforme el físico se aclaraba.

Finalmente, en el último tercio de la Época Atlante, el punto del cuerpo vital se unió al del cuerpo físico correspondiente. Hasta ese momento no estaba el hombre plenamente consiente del Mundo Físico; pero al mismo tiempo que se obtuvo la plena visión y percepción en el Mundo físico, se perdió gradualmente la capacidad de percibir los mundos superiores, en la mayoría de la humanidad.

En el transcurso de la existencia de esta Raza (los Semitas Originales), la atmósfera de la Atlántida comenzó a aclararse definitivamente y el punto ya mencionado del cuerpo vital se puso en correspondencia con su compañero del cuerpo denso. La combinación de los sucedios dio al hombre la capacidad de ver los objetos con claridad y nitidez, con contornos bien definidos; pero esto también provocó la pérdida de su visión de los mundos internos.
Durante las edades que transcurrieron desde la Época Lemúrica, la humanidad desarrolló poco a poco el mismo nervioso cerebro espinal, sistema que está bajo el dominio de la voluntad. En la última parte de la Época Atlante, dicho sistema se desarrolló lo bastante como para permitir al Ego tomar plena posesión del cuerpo denso. Entonces fue el momento (como ya lo hemos mencionado) cuando el punto del cuerpo vital y el punto del cuepo denso se correspondieron en la raíz de la nariz y el Espíritu morador se despertó en el Mundo Físico para perder su conciencia en los mundos internos, lo que sucedió en la gran mayoría de la humanidad.

del libro "El Cuerpo Vital", de Max Heindel

*

EL CUERPO VITAL DEL HOMBRE EN LA ÉPOCA ARIA ACTUAL

PARTE II

EL CUERPO VITAL DEL HOMBRE EN LA
ÉPOCA ARIA ACTUAL

Capítulo III

SU NATURALEZA Y SUS FUNCIONES


La humanidad está evolucionando actualmente en la Época Aria. El cuerpo vital tiene sus funciones, su color, su forma, su estructura atómica y su polaridad. Su existencia puede ser probada.

Hemos visto que el hombre es un ser complejo y se compone de:

1) Un cuerpo denso_ su instrumento de acción;

2) Un cuerpo vital, conductor de la “vitalidad” que hace posible la acción;

3) Un cuerpo de deseos_ de donde vienen los deseos que compelen a la acción;

4) Una mente, que controla los impulsos, dando un propósito a la acción;

5) Un Ego, que actúa y acumula las experiencias resultantes de la acción.

El objeto de la vida es la transformación de los poderes latentes del Ego en fuerza dinámica, fuerza que le permitirá dominar sus distintos vehículos y actuar como él quiera y le plazca. Sabemos perfectamente que en la actualidad el Ego no tiene la preponderancia absoluta, pues de ser así no hubiera estado de guerra en nuestros pechos entre el Espíritu y la carne, como decimos, pero que en realidad es entre el Espíritu y el cuerpo de deseos, y deberíamos expresarlo así. Es este estado de guerra el que desarrolla el músculo espiritual, así como la lucha desarrolla los músculos físicos. Es más fácil dar órdenes a otros, mandarles hacer tal o cual cosa, que el dominio propio, pues el autocontrol es la más ardua tarea del mundo. Se dice con razón que “el hombre que se conquista a sí mismo es más grande que el que rinde una ciudad”. Goethe, el gran poeta iniciado, nos da la razón
cuando expresa:

“De todos los poderes que encadenan al mundo. Se liberará el hombre cuando se domine a sí mismo”

Además del cuerpo visible del hombre que podemos ver con nuestros ojos físicos, hay otros vehículos más sutiles, que quedan invisibles para la gran mayoría de la humanidad. Sin embargo, no son accesorios inútiles del cuerpo físico, al contrario son muy importantes por el hecho de que son los resortes o móviles de toda acción. De no existir esos vehículos sutiles, el cuerpo físico quedaría inerte, insensible y muerto.
Al primero de esos vehículos sutiles lo llamamos “cuerpo vital” por ser el conductor de la vitalidad que hace fermentar la masa muerta de nuestra envoltura mortal en sus años de vida, dándonos el poder de movernos.

Cuando nuestro cuerpo visible actual brotó primeramente en el espíritu, era un pensamiento-forma, pero gradualmente se fue condensando y solidificando hasta convertirse en la cristalización química actual. El cuerpo vital fue luego emanado por el Espíritu, también como un pensamiento-forma, y se encuentra ahora en su tercer grado de solidificación, que es etérica.
Además del cuerpo denso, visible para todos, existen vehículos más sutiles que interpenetran el organismo, y que son los resortes o móviles de su actividad. Uno de estos es el cuerpo vital formado de éter, el cual se hizo cargo de la construcción del cuerpo denso por medio de los alimentos que ingerimos en nuestro organismo. Gobierna todas las funciones vitales, tales como la respiración, la digestión, la asimilación, etc., trabajando a través del sistema nervioso simpático. Otro vehículo, aún más sutil, es el cuerpo de deseos; es el vehículo de nuestras emociones, sentimientos y deseos, que gasta las energías acumuladas en el cuerpo denso por los procesos vitales, gracias al control que ejerce sobre el sistema nervioso cerebro-espinal o voluntario. Durante su actividad el cuerpo de deseos está destruyendo y rompiendo continuamente los tejidos formados por el cuerpo vital; es la
guerra entre estos dos vehículos que produce lo que llamamos nuestra conciencia en el Mundo Físico. Las fuerzas etéricas del cuerpo vital obran de tal manera que convierten en sangre la mayor parte posible de los alimentos, y la sangre es la más alta expresión del cuerpo vital.

La propagación es una facultad del cuerpo vital, que es el reflejo del Espíritu de Vida, el segundo aspecto del Espíritu triple del hombre.

Se describe que dos Querubines con espadas flamígeras se convirtieron en guardianes del Edén, cuando el hombre fue echado de allí, para que no comiera del fruto del Árbol de Vida, convirtiéndose así en un ser inmortal. Los Querubines son la gran Jerarquía creadora, que se hizo cargo de la Tierra en el Período Solar, cuando se originó el cuerpo vital y despertó el Espíritu de Vida.

En nuestra Biblia hay una descripción de los primeros hombres de la tierra. Se llaman Adán y Eva; pero interpretado correctamente Adán y Eva quiere decir la raza humana, la cual poco a poco se arrogó la facultad de procrear, convirtiéndose así en seres libres. De esa manera la humanidad obtuvo su libertad y se hizo responsable ante la ley de Consecuencia, pues atribuyéndose el derecho de crear nuevos cuerpos se separó entonces del Árbol de Vida y de un estado, que conocemos ahora como etérico. Cuando nos enteramos que tenemos un cuerpo vital hecho de éter, y que es el árbol de vida de cada ser humano, el cual nos suministra la vitalidad necesaria para movernos, entonces
comprenderemos porque la facultad de rejuvenecer nuestros cuerpos nos fue quitada por miedo que aprendiéramos a vitalizar también porque, así como lo cuenta la Biblia, se pusieron Querubines con espadas flamígeras a la entrada del Jardín de Edén, para proteger esa región.
Es para un buen fin que se nos quitó esa facultad. No era por maldad, para que el hombre sufra de aflicciones y dolores, pero porque solamente por existencias o vidas repetidas en cuerpos inferiores podemos aprender a construirnos un vehículo adecuado, bastante perfecto para ser inmortalizado. 
Gradualmente salió el hombre de su condición etérica, hasta alcanzar su condición sólida actual. En aquel entonces podía vivir en condiciones etéricas sin dificultad, como podemos vivir hoy en día en los tres elementos del Mundo Físico. En su última etapa etérica estaba en contacto interno con las corrientes de vida, que ahora alcanzamos inconscientemente. Podía entonces centralizar en su cuerpo la energía solar absorbiéndola de una manera distinta de la que se emplea actualmente. Esa facultad se fue retirando gradualmente a medida que iba entrando en la etapa sólida actual.

Nuestro cuerpo compuesto de éter se llama cuerpo vital en las Escuelas de Misterios de Occidente pues, como ya lo hemos dicho, el éter es la vía del ingreso de la fuerza vital, proveniente del Sol, y el campo de acción de la naturaleza para promover las actividades de asimilación, crecimiento, y propagación.

Este vehículo es la contraparte exacta de nuestro cuerpo visible, molécula por molécula, órgano por órgano, con una sola excepción de que hablaremos más tarde. Pero es un poco más grande y se extiende más allá de su superficie alrededor de una pulgada y media.
El bazo es la entrada particular de las fuerzas que vitalizan el cuerpo. En la contraparte etérica de ese órgano la energía solar se transmuta en un fluido vital de color rosa pálido. De allí se extiende por todo el sistema nervioso, y una vez cumplido su trabajo en el cuerpo sale irradiando torrentes de luz, que se erizan, parecidos a las púas del puerco espín.
Durante el día el cuerpo vital especializa el fluido solar incoloro que nos rodea, a través del órgano que llamamos bazo. Esa fuerza vital compenetra todo el organismo y los clarividentes la ven como un fluido de color rosa pálido, pues ha sido transmutada al entrar al cuerpo físico. Fluye por todos los nervios, y cuando los centros cerebrales la envían en cantidades particularmente grandes acciona los músculos gobernados por los nervios.
Durante el estado de vigilia hay una guerra constante entre el cuerpo vital y el denso. Los deseos y los impulsos del cuerpo de deseos golpean continuamente al cuerpo denso obligándolo a la acción, sin miras al daño que le pueden ocasionar, siempre que sea satisfecho el deseo. Es el cuerpo de deseos que incita al borracho a llenarse de alcohol, para que la combustión química de éste acelere las vibraciones del cuerpo denso a un diapasón que hará de él el instrumento dócil de todo impulso desenfrenado, gastando así la energía acumulada con loca prodigalidad. Por otro lado, el único interés del cuerpo vital es la conservación del cuerpo denso. A través del bazo especializa la energía solar incolora, que llena el espacio, y por medio de un proceso químico misterioso la transforma en un fluido vital de un hermosísimo color rosa pálido, enviándolo entonces por todos los nervios y fibras del cuerpo. El cuerpo vital está siempre tratando de economizar la energía que ha acumulado en el cuerpo denso y por lo tanto está constantemente reparando los tejidos que han sido rotos y destruidos por los impactos poderosos del desenfrenado cuerpo de deseos.
Cuatro de esos colores son indescriptibles, pero el quinto - el del medio - es similar al matiz de la flor de durazno recién abierta. Este es realmente el color del cuerpo vital.
Los cuerpos denso y vital del hombre se han enderezado, pero sus vehículos superiores son todavía de forma ovoide.

Ya ha quedado demostrado por la ciencia material que los átomos de nuestro cuerpo denso están cambiando constantemente, de tal manera que todo el material que compone actualmente nuestro vehículo habrá desaparecido en unos pocos años. Sin embargo es de conocimiento común que las cicatrices y otras manchas siguen conservándose desde la niñez hasta la vejez. La razón de este fenómeno reside en que los átomos prismáticos que componen nuestro cuerpo vital permanecen sin cambio alguno, desde la cuna hasta la tumba.

Siempre se encuentran en las mismas posiciones relativas; esto es, los átomos etéricos prismáticos que hacen vibrar a los átomos de los dedos de los pies o de las manos no cambian de situación y no emigran a las manos, piernas u otras partes del cuerpo, sino que permanecen exactamente en el mismo lugar en que fueron colocados al principio. Una lesión en los átomos físicos implica una impresión similar en los átomos etéricos prismáticos. La nueva sustancia física que se modela sobre ellos continúa entonces tomando la forma y la contextura similares a los que tenía originalmente.
Estas observaciones se aplican exclusivamente a los átomos prismáticos que corresponden a los sólidos y a los líquidos en el Mundo Físico, porque asumen cierta forma definida que conservan.
Pero, además, en la actual etapa de la evolución, cada ser humano tiene cierta cantidad de éteres luminosos y reflector, que son los vehículos de la percepción sensorial y de la memoria, entremezclados en su cuerpo vital. Podríamos decir que el éter luminoso corresponde a los gases del Mundo Físico; tal vez la mejor descripción que podríamos dar del éter reflector es la de llamarlo hiper-etérico. Es una sustancia vacua, de color azulado, que se parece por su matiz al centro azul de una llama de gas. Aunque se presenta como si fuera transparente y pareciera revelar todo lo que está en su interior, en realidad oculta todos los secretos de la naturaleza y de la humanidad, que se pueden encontrar en la Memoria de la Naturaleza.

Los éteres luminoso y reflector son de característica exactamente opuesta a la de los átomos etéricos prismáticos y estacionarios. Son volátiles y migratorios. Sea cual fuere la cantidad que el hombre posea de estas sustancias, siempre son la fructificación o cosecha de las experiencias de la vida.

Dentro del cuerpo se mezclan con la sangre, y cuando han ido creciendo por el servicio y sacrificio en la escuela de la vida, de manera que ya no puedan quedar contenidos dentro del cuerpo, se los puede observar fuera de éste como un cuerpo anímico matizado de oro y azul. El azul es lo que muestra el tipo más elevado de espiritualidad, por cuyo motivo suele ser el más pequeño en volumen y puede compararse al núcleo azul de la llama de gas, mientras que el color dorado forma la parte mayor y correspondería a la parte de luz amarilla que rodea el núcleo azul de la citada llama de gas. El color azul no aparece fuera del cuerpo más que en las personas de extraordinaria santidad y sólo se observa generalmente el color amarillo. Al producirse la muerte, esta parte del cuerpo vital se graba en el cuerpo de deseos, con el panorama de la vida que contiene. Entonces se imprime en el átomo simiente la quintaesencia de toda nuestra experiencia en la vida, como conciencia o virtud, que es lo que nos inducirá a evitar el mal y a realizar el bien en las vidas próximas.
Cuando analizamos al ser humano vemos que los cuatro éteres son dinámicamente activos en el altamente organizado cuerpo vital. Gracias a las actividades del éter químico, el hombre es capaz de asimilar los elementos y de crecer; las fuerzas que trabajan en el éter de vida le permiten propagar su especie; las fuerzas del éter luminoso proveen con calor el cuerpo denso, trabajan sobre el sistema nervioso y los músculos, abriendo así las puertas de comunicación con el mundo externo por medio de los sentidos; y el éter reflector permite al Espíritu gobernar sus vehículos por medio del pensamiento. Este éter también guarda las experiencias pasadas bajo el aspecto de la memoria.

El cuerpo vital de la planta, del animal y del hombre se extiende más allá de la periferia del cuerpo denso, como sucede con la Región Etérica, que no es más que el cuerpo vital del planeta, la que se extiende más allá de la parte densa de éste, mostrando una vez más la veracidad del axioma hermético: “como arriba es abajo”. La extensión del cuerpo vital del hombre más allá del cuerpo físico es poco más o menos de una pulgada y media. La parte que está fuera del cuerpo denso es muy luminosa y tiene el color parecido al de una flor de durazno recién abierta. Ciertas personas que poseen ligeras ráfagas de clarividencia suelen verlo, pero el autor hablando con ellas, se dio cuenta que generalmente ellas no creen ver nada especial y no saben que es lo que pasa ante su visión.

El cuerpo denso se construye en la matriz de este cuerpo vital, y en lo que está en su poder, siempre se encuentra la copia exacta, molécula por molécula, del cuerpo vital. Así como las líneas de fuerza en el agua son los conductores para la formación de los cristales de hielo, así también las líneas de fuerza en el cuerpo vital determinan la forma del cuerpo denso. A través de toda la vida, el cuerpo vital es el constructor y restaurador de las formas densas. Si así no fuera, si el corazón etérico no restaurara el corazón físico, bien pronto se rompería éste bajo la tensión continua con que lo sobrecargamos. Todos los abusos que cometemos con el cuerpo denso, hacen reaccionar el cuerpo vital, en lo que está en su poder, y siempre se encuentra luchando contra la muerte del cuerpo denso.

La única excepción arriba indicada es que el cuerpo vital del hombre, es femenino o negativo, mientras que el de la mujer es masculino o positivo. En este hecho tenemos la clave de numerosos problemas intrincados de la vida. La mujer da salida a sus emociones por la polaridad indicada, porque su cuerpo vital positivo genera un exceso de sangre y la obliga a trabajar bajo una presión interna enorme que rompería el cuerpo físico, si no hubiera una válvula de seguridad, el flujo periódico, y otra válvula que son las lágrimas, y que limitan la presión en ocasiones especiales, pues las lágrimas son realmente una “hemorragia blanca”

El hombre puede tener y tiene, emociones tan fuertes como las de las mujeres, pero generalmente puede suprimirlas sin lágrimas, porque su cuerpo vital negativo no genera más sangre que la que puede dominar fácilmente.
Contrariamente a lo que sucede con los vehículos superiores de la humanidad, el cuerpo vital no abandona ordinariamente al cuerpo denso, hasta la muerte de ese último. Entonces, las fuerzas químicas del cuerpo denso no están ya más bajo el dominio de la vida evolucionante y proceden a restaurar la materia a su condición primitiva desintegrándola, haciéndola así apta para la formación de otros cuerpos en la economía de la naturaleza. La desintegración es, pues, debida a la actividad de las fuerzas planetarias en el éter químico.

La contextura del cuerpo vital puede compararse hasta cierto punto con una de esas pinturas formadas por cientos de piezas de madera entrecruzadas y que presenta innumerables puntitos al observador. El cuerpo vital también, presenta millones de puntitos al observador. Estos puntos entran en los centros huecos de los átomos densos, y al imbuirles fuerza vital vibran mucho más intensamente que los minerales de la tierra que no han sido aún acelerados y vivificados.

Cuando una persona se ahoga o se cae de una altura o se hiela, el cuerpo vital abandona el cuerpo denso, cuyos átomos se vuelven momentáneamente inertes en consecuencia, pero cuando resucita o vuelve en sí, los “puntitos” tornan a insertarse en los átomos densos. La inercia atómica hace que se resistan un tanto a volver a vibrar como antes, lo que es causa de esa sensación de intenso dolor y cosquilleo que se nota en tales ocasiones, pero no ordinariamente, por la misma razón de que estamos conscientes de cuando se para o se pone a andar un reloj, pero no nos fijamos en su tic tac cuando sigue marchando.
Hay ciertos casos en los que el cuerpo vital deja parcialmente el cuerpo denso, como cuando se nos “duerme un brazo” por ejemplo. Entonces la mano etérea del cuerpo vital puede verse flotando sobre el brazo denso, como un guante, y los puntitos producen ese cosquilleo especial que se siente cuando penetra nuevamente en el brazo físico. En algunos casos de hipnosis, la cabeza del cuerpo vital se divide y cuelga de la cabeza densa por fuera, la mitad sobre cada hombro, o permanece en torno del cuello como un collar. La ausencia de cosquilleo al despertar en tales casos es debida a que durante la hipnosis parte del cuerpo vital de la víctima ha sido sustituido por el del hipnotizador.

Los átomos de los éteres químico y de vida reunidos en torno al núcleo del átomo simiente,
localizado en el plexo solar, tienen una forma prismática. Están todos situados de modo que cuando la energía solar entra en el cuerpo por el bazo, el rayo que se refracta es rojo. Este es el color del aspecto creador de la Trinidad, o sea Jehova, el Espíritu Santo, regente de la Luna, el planeta de la fecundación. Por consiguiente, el fluido vital del Sol que penetra en el cuerpo humano por el bazo se tiñe con un ligero color rosado, que muchas veces pueden observar los videntes circulando por los nervios, como si fuera la electricidad pasando por los conductores de una instalación eléctrica.

Así cargados, los éteres químico y de vida son las vías de asimilación que preservan al individuo, y de fecundación que perpetúan la raza.

Durante la vida, cada átomo prismático vital compenetra un átomo físico y lo hace vibrar. Para hacerse una idea de esta combinación podemos imaginarnos una canasta de alambre, en forma de pera, que tuviera paredes de alambre curvado espiralmente, que fuera de un polo al otro oblicuamente. Este es el átomo físico el que está formado de manera muy parecida al de nuestra tierra, y el átomo prismático vital queda insertado desde arriba, que es el punto más ancho y que correspondería al polo norte de nuestra tierra.

Así, pues, la punta del prisma penetra en el átomo físico en el punto más estrecho, que corresponde al polo sur de nuestra tierra, y todo el conjunto se parece a un trompo que gira y bambolea a la vez que vibra intensamente. Así es como nuestro cuerpo se llena de vida y es capaz de moverse.
(Nuestra tierra es compenetrada de una manera similar por un cuerpo cósmico de éter y las
manifestaciones de la naturaleza que llamamos Aura Boreal y Aurora Austral son corrientes
etéricas, que circundan la tierra del polo al ecuador como lo hacen las corrientes del átomo físico)
Los éteres luminoso y reflector son los conductores de la conciencia y de la memoria. En el
individuo común se encuentran un tanto alternados y no han tomado todavía una forma definida.
Interpenetran el átomo en la misma forma que el aire interpenetra una esponja, y forman algo así como una ligera atmósfera áurica por fuera de cada átomo.

Si hubiéramos dicho que el cuerpo vital está hecho de prismas en lugar de puntos, hubiera sido más exacto, pues es por la refracción a través de estos diminutos prismas que el fluido solar incoloro cambia en rosáceo, según ha sido indicado por otros escritores además del autor.
Se han hecho otros nuevos e importantes descubrimientos; por ejemplo, ahora sabemos que el cordón plateado nace uno nuevo en cada renacimiento, que una parte del mismo brota del átomo simiente del cuerpo de deseos en el gran vértice del hígado; que la otra parte nace del átomo simiente del cuerpo denso en el corazón, que las dos partes se unen con el átomo simiente del cuerpo vital en el plexo solar, y que esta unión de los vehículos superiores e inferiores produce el despertar del feto. El desarrollo ulterior del cordón, entre el corazón y el plexo solar durante los primeros siete años, tiene una importante relación con el misterio de la infancia; así como su más amplio desarrollo del hígado al plexo solar, que tiene lugar en el segundo período septenario de la vida del niño, contribuye a la adolescencia. La realización total del cordón plateado, marca el final de la vida infantil, y desde tal momento, la energía solar que entra por el bazo y que se tiñe por refracción del átomo simiente prismático del cuerpo vital situado en el plexo solar, comienza a dar un distintivo e individual colorido al aura que observamos en los adultos.
Así como el éter lleva a la placa sensible de la cámara oscura una impresión fidelísima del paisaje, hasta en sus menores detalles, sin tener en cuenta si el fotógrafo los ha observado o no, así también, el éter contenido en el aire que inspiramos lleva consigo una pintura fiel y detallada de todo nuestro alrededor y no solamente de las cosas materiales, sino también de las condiciones que existen en cada momento en nuestra aura. El más fugaz sentimiento, pensamiento o emoción se transmite a los pulmones donde se inyecta en la sangre. La sangre es uno de los productos más elevados del cuerpo vital, porque es el agente que lleva el alimento a todas las partes del cuerpo y es también el vehículo directo del Ego. Las imágenes que contiene se imprimen sobre los átomos negativos del cuerpo vital, para servir como árbitros del destino del hombre en el estado post-mortem.
En muchas mujeres, en las que el cuerpo vital es positivo, y en las personas avanzadas de cualquier sexo, cuyos cuerpos vitales se han sensibilizado por una vida pura y santa, por la oración y por la concentración, esta memoria supraconsciente, inherente al Espíritu de Vida, está ocasionalmente por encima de la necesidad de envolverse en materia mental o de deseos para compeler a la acción. No siempre necesita correr el riesgo de verse subyugada y hasta sometida por el proceso de razonamiento. Algunas veces, en forma de intuición o de enseñanza interna, se imprime directamente sobre el éter reflector del cuerpo vital. Cuando más dispuestos nos encontremos para reconocer y seguir sus dictados, tanto más a menudo hablará para nuestro eterno beneficio.

Por sus actividades durante las horas de vigilia el cuerpo de deseos y la mente están constantemente destruyendo el vehículo denso. Cada pensamiento, cada movimiento, destruye tejidos. Por otro lado, el cuerpo vital se dedica de lleno a restaurar la armonía y reconstruir lo que otros vehículos están destruyendo. Sin embargo, no puede siempre resistir completamente a los poderosos impactos de los impulsos y pensamientos. Gradualmente va perdiendo terreno, por último llega un momento en que se paraliza. Sus “puntitos” se constriñen, por así decir. El fluido vital cesa de circular por los nervios en la cantidad necesaria; el cuerpo se hace soñoliento; el Pensador se encuentra cohibido por
su somnolencia y se ve obligado a salir de él llevándose el cuerpo de deseos consigo. Esta salida de los vehículos superiores deja al cuerpo denso interpenetrado por el cuerpo vital en el estado sin sentido que llamamos sueño.

Como general sabio, el Ego sigue una conducta análoga. No comienza su campaña adquiriendo dominio sobre alguna de las glándulas, pues éstas son expresiones del cuerpo vital y le es imposible adquirir dominio sobre los músculos voluntarios que están muy bien defendidos por el enemigo. Esa parte del sistema muscular involuntario que está bajo el dominio del sistema nervioso simpático sería también inútil para ese objeto. El Ego debe conseguir un contacto más directo con el sistema nervioso cerebro-espinal. Para hacer esto y asegurarse una base de operaciones en el mismo campo enemigo, domina un músculo que es involuntario y que no obstante está relacionado con el sistema nervioso voluntario. Tal músculo es el corazón.

La sangre es la expresión más elevada del cuerpo vital, porque nutre a todo el organismo físico. Es también en cierto sentido el vehículo de la memoria subconsciente, y está en contacto con la Memoria de la Naturaleza, situada en la división más elevada de la región Etérica. La sangre es la que lleva los recuerdos de la vida de los antecesores a los descendientes durante generaciones cuando es una sangre común, como la que se produce por la endogamia.
El amor y la unidad en el Mundo del Espíritu de Vida encuentra su contraparte ilusoria en la Región Etérica, a la que estamos correlacionados por el cuerpo vital, siendo este último el que produce el amor y la unión sexual. El Espíritu de Vida tiene su asiento, primeramente en el cuerpo pituitario y secundariamente en el corazón, que es la puerta de paso para que la sangre nutra a los músculos.
Mirando el asunto, desde el punto de vista oculto, toda conciencia en el Mundo Físico es el
resultado de la guerra constante entre los cuerpos de deseos y vital.

La tendencia del cuerpo vital es la de ablandar u construir. Su expresión principal se encuentra en la sangre y en las glándulas, así como en el sistema nervioso simpático, habiendo obtenido ingreso en la plaza fuerte del cuerpo de deseos (los sistemas muscular y nervioso voluntarios), cuando comenzó a convertir el corazón, en músculo voluntario.

Nosotros mismos, como Egos, funcionamos directamente en la sutil sustancia de la región del Pensamiento Abstracto, que hemos especializado dentro de la periferia de nuestra aura individual.
De allí obtenemos las impresiones que nos produce el mundo externo sobre el cuerpo vital a través de los sentidos, junto con los sentimientos y emociones generados por ellos en el cuerpo de deseos y reflejados en la mente.
Todas las cosas de nuestro mundo están continuamente vibrando. Las vibraciones de los objetos que nos rodean nos alcanzan constantemente y llevan a nuestros sentidos el conocimiento del mundo externo. Las vibraciones del éter actúan sobre nuestros ojos de manera que podemos ver, y las vibraciones del aire transmiten los sonidos a nuestros oídos.
El Sol trabaja en el cuerpo vital y es la fuerza que despierta la vida y lucha contra las fuerzas lunares, relacionadas con la muerte.

Así como en las aguas de un estanque los árboles aparecen invertidos, pareciendo que el follaje se halla en lo más profundo del agua, así también el aspecto más elevado del Espíritu (el Espíritu Divino) encuentra su contraparte en el más inferior de los tres cuerpos (el cuerpo denso). El Espíritu inmediato inferior (el Espíritu de Vida) se refleja en el inmediato cuerpo superior (el cuerpo vital).

El tercer Espíritu (el Espíritu Humano) y su reflexión, el tercer cuerpo (el cuerpo de deseos),
aparece como el más próximo de todos al espejo reflector, que es la mente, correspondiendo ésta a la superficie del estanque, el medio reflector de nuestra analogía.
Así como los cuerpos planetarios vital y de deseos interpenetran la materia densa de la Tierra, así también los cuerpos vital y de deseos interpenetran el cuerpo denso de la planta, del animal y del hombre.

Un cuerpo vital de éter compenetra el cuerpo visible, igual como el éter interpenetra y llena todas las otras formas, con una única excepción, que los seres humanos especializan una cantidad mayor del éter universal que las otras formas. Este cuerpo etérico es nuestro instrumento, para especializar la energía vital del Sol.

El cuerpo vital que eventualmente se transforma, se transmuta y se espiritualiza convirtiéndose en alma, es de sexo opuesto. Está formado, órgano por órgano, exactamente como el cuerpo denso físico con una sola excepción, lo que explica muchos hechos que serían inexplicables de no ser así.

Como la mujer tiene un cuerpo vital positivo, madura naturalmente antes que el hombre, y las partes del cuerpo que tienen cierta similaridad con las plantas, como el cabello, crecen en aquella más vigorosamente. Naturalmente un cuerpo vital positivo genera más sangre que un cuerpo vital negativo, como el que posee el hombre, de ahí que exista en la mujer una presión sanguínea mayor, de la cual tiene necesidad de librarse mediante el flujo mensual, produciéndose, al cesar éste en la edad crítica, una especie de segundo crecimiento en la mujer, la que adquiere los caracteres de lo que llamamos “matrona”.

Los impulsos del cuerpo de deseos empujan la sangre a través de todo el sistema a distintos grados de velocidad, de acuerdo con la fuerza de las emociones. Como la mujer tiene un exceso de sangre, actúa bajo una presión mucho más elevada que el hombre, y si bien esta presión se rebaja durante el flujo mensual, hay momentos en que se necesita una válvula de escape extra: son las lágrimas femeninas, que en realidad constituyen una hemorragia blanca, que sirve para dar salida al exceso de fluidos. El hombre, aunque es capaz de sentir emociones quizás tan fuertes como la mujer, no es tan propenso a las lágrimas, porque no tiene más sangre de la que confortablemente puede utilizar.

En razón de su polarización positiva en la Región Etérica del Mundo Físico, el campo de acción de la mujer ha sido la casa y la iglesia, donde está rodeada de amor y de paz, mientras que el hombre actúa en la lucha de los fuertes para que sobreviva el más apto, lucha sin cuartel en el denso Mundo Físico, donde su cuerpo es positivo.

Así que la mujer fue la precursora de la cultura, siento la primera en desarrollar la idea de una “buena vida” por lo que la mujer se hizo un exponente muy estimado entre los antiguos y en ese respecto ella ha estado a la vanguardia noblemente desde entonces. Por supuesto, como todos los Egos encarnan alternativamente como hombres o como mujeres, no hay en realidad preeminencia alguna. Es simplemente que los que encarnan en un cuerpo denso del sexo femenino tienen un cuerpo vital positivo y por lo tanto son más sensibles a las cosas espirituales que cuando el cuerpo vital es negativo como en el varón.

La mujer tiene un cuerpo vital positivo, y por lo tanto está en contacto intuitivo con las vibraciones espirituales del universo. Ella tiene más elevados ideales y una imaginación más fértil que el hombre. En consecuencia ella se interesa por todas las cosas que ayudan al desarrollo moral de la raza. Y hoy en día es sólo por el crecimiento moral y espiritual que la humanidad puede adelantar y la mujer es, en realidad, el factor primordial en la evolución. Sería de mucho provecho a las razas, si la mujer obtuviera derechos iguales en todo con el hombre. Pues sólo entonces podemos esperar ver ejecutadas las reformas que propugnan la unión de la humanidad. Si por analogía miramos adentro de una casa, veremos que la mujer es el centro, alrededor de la cual se agrupan el marido y los niños. La casa es como la hace ella, según sus aptitudes y habilidades; se nota su influencia preponderante, es ella que mantiene la armonía y la paz del hogar. El padre puede abandonar la casa, sea por fallecimiento o de otra manera; los hijos también pueden irse, pero mientras está la madre, está la casa, el hogar. Sin embargo, cuando la muerte arrebata a la madre, todo se derrumba.
Ya hemos dicho anteriormente que el cuerpo vital es la contraparte exacta del cuerpo denso, con una única excepción: es de sexo opuesto o más bien valdría decir de polaridad opuesta. Como sabemos que el cuerpo vital nutre el vehículo denso, podremos comprender que la sangre es su más alta expresión visible, y también que un cuerpo vital positivo debe generar más sangre que un cuerpo negativo. La mujer físicamente negativa, tiene, un cuerpo vital positivo, de ahí que genere un exceso de sangre y está aliviada por el flujo periódico. Está también más propensa a las lágrimas, una hemorragia blanca, que el hombre, cuyo cuerpo vital negativo no genera más sangre de la que pueda confortablemente utilizar. Por lo tanto no necesita tener las salidas que alivian a la mujer del exceso de sangre.

Los Ángeles, la humanidad del Período Lunar obran en el hombre, el animal y la planta, pues en el período Lunar, el universo era de la consistencia del “éter”, y los cuerpos vitales de los tres reinos arriba indicados están compuestos de esta sustancia. Los Ángeles son, por lo tanto, verdaderos auxiliares para las funciones vitales, tales como la asimilación, el crecimiento y la propagación, y en razón de su trabajo con la humanidad, son nuestros espíritus familiares. Son ellos los que agrandan a la familia, multiplican los ganados, y dan una buena cosecha en los campos.
Desde los tiempos antiguos los Ángeles lunares se hicieron particularmente cargo de los cuerpos vitales acuáticos y húmedos formados por los cuatro éteres, cuidando la propagación y la alimentación de las especies, mientras que la actividad intensa de los Espíritus Luciferes se desarrollaba en los secos e ígneos cuerpos de deseos. La función del cuerpo vital es de construir y sostener al cuerpo denso, mientras que la del cuerpo de deseos es la destrucción de los tejidos. Así mismo hay un estado de guerra constante entre el cuerpo vital y de deseos, y esta guerra en los cielos ocasiona nuestra consciencia física en la tierra.
Por más extraño que pueda parecer nuestra afirmación, sin embargo es la verdad que la gran mayoría de la humanidad está parcialmente dormida una gran parte del día, a pesar de que sus cuerpos físicos parecen estar sumamente ocupados, trabajando activamente. Bajo condiciones ordinarias el cuerpo de deseos de la gran mayoría, es la parte del complejo hombre más despierta, quien vive casi completamente de sus emociones y sentimientos, y apenas si piensa en el problema de la existencia, pues se contenta con lo que se necesita para mantener su vida aquí. La mayoría de esos seres probablemente nunca pensó seriamente en los tres grandes problemas de la vida: ¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Adónde vamos? Sus cuerpos vitales están trabajando en reparar los destrozos hechos por el cuerpo de deseos en el cuerpo físico y suministrando la vitalidad
que será luego malgastada en la gratificación de sus deseos y emociones.
Es este combate intenso entre el cuerpo vital y de deseos que engendra la conciencia en el Mundo Físico y hace parecer entonces a los hombres y mujeres tan activos, que desde el punto de vista del Mundo Físico, nuestra aseveración que ellos están parcialmente dormidos parece ser una mentira.
Sin embargo, examinando todos lo hechos, debemos llegar a la conclusión que es así. Pero podemos agregar que este estado de cosas es de acuerdo con los fines de las Grandes Jerarquías que tienen en sus manos nuestra evolución.

Esa destrucción se efectúa constantemente y no es posible salvaguardarse de todos esos
destructores, ni esa es tampoco la intención. Si el cuerpo vital tuviera para ello ininterrumpido poder, construiría y construiría, empleando todas las energías con ese propósito. No habría conciencia o pensamiento alguno. Debido a que el cuerpo de deseos obstruye y endurece las partes internas, es por lo que se desarrolla la conciencia.
El triple Espíritu echó una triple sombra sobre el mundo de la sustancia y así se desenvolvió El cuerpo denso, como contraparte del espíritu Divino, seguido del cuerpo vital, réplica del Espíritu de Vida y, luego el cuerpo de deseos, imagen del Espíritu Humano. Finalmente, se formó el eslabón de la mente, entre el Espíritu triple y el cuerpo triple, el más importante vehículo entre todos. Esto fue el comienzo de la consciencia individual, y marca el punto crucial donde se termina la involución del Espíritu en la materia y empieza el proceso evolucionario, por cuyo medio se va liberando el Espíritu de la materia. La involución trae la cristalización del Espíritu en cuerpos, pero la evolución trae la disolución de los cuerpos, la extracción del alma de ellos, y la alquímica amalgamación de dicha alma con el Espíritu.

Hay varios medios para demostrar la realidad y la existencia del cuerpo vital. En primer lugar, existe el aparato fotográfico. Tal vez se podrá encontrar entre los espiritistas de vuestra ciudad a uno capaz de sacar fotografías de los espíritus. Pese a que existen muchas trampas bien conocidas de los fotógrafos para producir retratos falsos, sin embargo fue probado que bajo condiciones donde el fraude resulta imposible, se han tomado fotos de personas que ya habían pasado al más allá. Esas personas pudieron recubrirse de éter, materia con la cual se construye el cuerpo vital, y que es visible para la lente fotográfica. Con el mismo autor sucedió, una vez que fue fotografiado cuando viajaba en su cuerpo vital de los Ángeles a San Pedro para despedirse de un amigo a bordo de una nave. Inadvertidamente se encontró entre aquel amigo y la cámara de otro amigo, quien en este
momento fotografiaba al barco, y el resultado fue que él salió tan parecido en la foto, que muchos lo reconocieron. Además tenemos el fenómeno de los perros que siguen a ciertas personas por el olor obtenido de su ropa usada la cual está impregnada por el éter del cuerpo vital, éter que se extiende más o menos una pulgada y media más allá del cuerpo denso. Por lo tanto a cada paso que hacemos este invisible radiante fluido penetra en la tierra. Sin embargo se ha comprobado que perros policiales, que estaban persiguiendo a un criminal en fuga, fueron desconcertados en sus esfuerzos y perdieron la pista cuando el fugitivo se puso patines y continuó su fuga por el hielo. Los patines lo sobrelevantaron encima del suelo y entonces el cuerpo vital que se extendía por debajo de sus pies no pudo alcanzar e impregnar el hielo, y por lo tanto quedando sin pista, los perros no pudieron
descubrirlo. Resultados similares se obtuvieron con una persona que se alejó sobre zancos del lugar de su crimen.

Tenemos también el caso del magnetizador que extrae de su paciente las partes enfermas del cuerpo vital, reponiéndolas luego por otros éteres y permitiendo así a las fuerzas vitales circular por el órgano físico enfermo, efectuándose así la curación. Si el magnetizador no tiene cuidado en arrojar de sí el fluido etérico oscuro y gelatinoso, es decir las miasmas humanas que ha extraído y absorbido en su propio cuerpo, entonces se enfermará a su vez. De no haber aquel fluido invisible, el fenómeno de la curación del enfermo y de la enfermedad del sanador no se produciría.

Finalmente podríamos decir que si se reúnen las condiciones necesarias y no falta la decisión, existe una posibilidad muy grande para una gran cantidad de gente de ver por sí mismo el cuerpo vital. Es más fácil hacerlo en los países cálidos donde los difuntos se entierran rápidamente después de su fallecimiento. Se debe elegir un día que sea próximo a la Luna Llena, el más próximo posible.
Entonces se deben leer los avisos fúnebres en los diarios e ir al cementerio a la noche que sigue al funeral de alguien fallecido en las últimas 24 horas. Probablemente se verá entonces sobre la fresca tumba, oscilando en el claro de luna, la forma membranácea del cuerpo vital, que queda en este lugar y se desintegra sincrónicamente con el cuerpo enterrado. El clarividente puede ver esta forma en cualquier momento, pero solamente la primera noche después del funeral, está lo bastante densa para ser visible a la gente ordinaria. Si la forma no aparece en seguida, se puede andar alrededor de la tumba, mirándola fijamente de distintos lados. Entonces uno se convencerá por sí mismo, con sus
propios ojos.

Aunque la ciencia no ha hecho observaciones directas sobre el cuerpo vital humano, ya en varias oportunidades tuvo que admitir su existencia como necesaria para explicar ciertos problemas de la vida. Sus radiaciones han sido captadas por varios sabios eminentes en diferentes condiciones y en épocas distintas. Blondlot y Charpentier llamaron a esas radiaciones rayos N, por la ciudad de Nantes, donde ellos las observaron. Otros las llamaron: “Fluido Ódico”. Hombres de ciencia que hicieron investigaciones sobre fenómenos psíquicos lograron fotografiar al cuerpo vital cuando se extraía por el bazo, por Espíritus materializadores. El Dr. Hotz , por ejemplo, obtuvo dos fotografías de una materialización merced al médium alemán Minna-Demmler. Sobre una de ellas se ve una
nube de éter sin forma saliendo del lado izquierdo del médium. La segunda foto, tomada unos instantes más tarde muestra al Espíritu ya materializado, parado al lado del médium. Otras fotografías tomadas por hombres de ciencia de la médium italiana Eusapia Palladino, muestran una nube luminosa flotando sobre su lado izquierdo.

del libro "El Cuerpo Vital", de Max Heindel

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