martes, 23 de febrero de 2010

UN VEHÍCULO PARA EL CRISTO

P A R T E
V

EL CUERPO VITAL DE JESÚS

Capítulo XIV

UN VEHÍCULO PARA EL CRISTO

El cuerpo vital de Jesús es de muy elevado desarrollo y fue empleado por el Cristo durante Sus tres años de ministerio.

Sabemos que al morir, o en cualquier momento en que tengamos que dejar el Mundo Físico,
abandonamos nuestro cuerpo denso y nuestro cuerpo vital, porque ellos pertenecen a dicho mundo.
Y así Jesús, al alcanzar los treinta años y habiendo ya preparado su instrumento para ser empleado por el Gran Ser, lo abandonó gustosamente. Lo dejó durante el Bautismo (como lo hubiera dejado al morir) para que lo habitara el Cristo, a quien vieron descender bajo el aspecto de una paloma.

El Cristo, siendo un Arcángel, había aprendido a construir los vehículos hasta el cuerpo de deseos,
pero no los cuerpos vital y denso. Los Arcángeles habían trabajado sobre la humanidad desde
afuera, como lo hacen los Espíritus-Grupos; pero esto no era suficiente. La ayuda tenía que venir de adentro. Esto se hizo posible por la combinación de Cristo y Jesús y, por lo tanto, es la absoluta
verdad, en su sentido más elevado, lo que dice San Pablo: "No hay más que un mediador entre Dios y el hombre -Cristo Jesús; el Justo".

Una de nuestras grandes ilusiones es que el cuerpo en que moramos está vivo. En realidad, no lo
está en absoluto. Por lo menos, hay solo una parte muy pequeña de nuestro físico que se puede
llamar "viviente" y, por lo tanto, nuestra afirmación es prácticamente correcta. La mayor parte del cuerpo está completamente dormida, por no decir que está muerta. Este es un hecho bien conocido de la ciencia, y debemos entenderlo con nuestra razón; y ello es debido a que nuestro poder espiritual es tan débil que no puede suministrar vida a dicho vehículo en suficiente extensión. En la medida que fallamos en vitalizar nuestro cuerpo, éste se va conviertiendo en algo parecido a una pesada masa de arcilla, que debemos penosamente arrastrar con nosotros, hasta que después de algunos años se cristaliza hasta tal grado, que nos resulta imposible mantener por más tiempo las vibraciones. Entonces nos vemos obligados a dejar el cuerpo, que muere como se dice y comienza un lento proceso de desintegración para devolver los átomos a su estado original libre.

Comparemos ahora ese estado de cosas con lo que pasa cuando un espíritu poderoso, como el
espíritu de Cristo toma posesión de uno de esos cuerpos terrestres. Hay una cierta analogía con el
caso del hombre que resucitó después de ahogarse, pues en este caso el cuerpo vital ha sido extraído y la vibración de los átomos físicos casi cesó, si no cesó completamente. Entonces cuando el cuerpo vital compenetra nuevamente el cuerpo físico, comienza a dotar a cada átomo con vida y vibración.

Este intento de despertar los átomos dormidos es la causa de una sensación desagradable de
hormigueo que describen las personas recuperadas después de casi morir ahogadas y este no cesa
hasta que los átomos físicos alcanzan un ritmo de vibración equivalente a una octava más baja que
los del cuerpo vital.Entonces vuelven a la normalidad y nada se nota en especial, salvo la sensación ordinaria.

Tomemos ahora el caso de Cristo cuando penetró en el cuerpo denso de Jesús. Los átomos del
cuerpo de Jesús vibraban a un ritmo mucho más lento que la fuerza vibratoria del Espíritu de
Cristo.En consecuencia, debía producirse una aceleración y durante los tres años de servicio esta
gran rapidez de las vibraciones hubiera destrozado el cuerpo, si no fuera por la voluntad poderosa
del Maestro y los conocimientos y habilidad de los Esenios que lo cuidaban. Si los átomos se
hubieran aletargado en el momento en que Cristo dejó el cuerpo de Jesús, igual como ocurre en los nuestros cuando dejamos nuestros cuerpos, un largo proceso de purificación hubiera sido necesario para desintegrar el cuerpo. Sin embargo, ellos estaban, como ya dijimos, muy sensibilizados y vivientes y, por lo tanto, era imposible mantenerlos unidos cuando partió el Espíritu. En épocas futuras cuando aprendamos a mantener nuestros cuerpos vivientes, no cambiaremos de átomos y, por supuesto, ni de cuerpos tan frecuentemente. Y cuando lo hagamos, no necesitaremos tanto tiempo como ahora para llevar a cabo el proceso de purificación.
Esa rápida desintegración del cuerpo físico de personas de alto desarrollo espiritual no ha sido
verificada por el autor personalmente, pues es muy difícil encontrar personas de tan alta
espiritualidad, que hubieran fallecido recientemente. Sin embargo parece que así sucede por el
hecho relatado en la Biblia de que el Cuerpo de Cristo no se encontró en el sepulcro cuando fueron a verlo. La tumba no estaba herméticamente cerrada y, por lo tanto, no abstaculizaba la evasión de los átomos. Como ya lo hemos dicho anteriormente, Cristo espiritualizó tanto el cuerpo de Jesús, lo hizo tan vibrante, que era ya casi imposible mantener en su lugar las partículas durante los años de su ministerio. Este hecho era conocido del autor por las enseñanzas de los Hermanos Mayores y por las investigaciones que llevó a cabo al respecto en la memoria de la Naturaleza, pero hasta hace muy poco no era conocido su efecto sobre la muerte en general y sobre la existencia post-mortem.

Después de la muerte del cuerpo denso de Cristo-Jesús, el átomo-simiente fue devuelto a su
poseedor primitivo, Jesús de Nazareth, quién, durante algún tiempo después, funcionando en su
cuerpo vital, que había recobrado temporalmente, instruyó al núcleo de la nueva fe que Cristo había formado. Jesús de Nazareth ha tenido desde entonces la dirección de las logias esotéricas o
sociedades secretas que hubo en toda Europa.

Después de la muerte del cuerpo denso de Jesús, los átomos-simientes fueron devueltos, a su
poseedor primitivo. Durante el intervalo de tres años entre al Bautismo -cuando él entregó sus
vehículos- y la Crucificación, -cuando le fueron devueltos los átomos-simientes- Jesús estructuró un vehículo de éter, de la misma manera que un Auxiliar Invisible reune substancia física todas las
veces que le es necesario materialezar una parte o todo el cuerpo. Sin embargo, el material que no
concuerda con el átomo-simiento no puede apropiarse permanentemente. Se desintegra tan pronto
que el esfuerzo de voluntad que lo hizo reunirse se retira y, por lo tanto, es sólo un substituto
temporal. Cuando el átomo-simiente del cuerpo vital le fue devuelto, se formó entonces un nuevo
cuerpo, y Jesús desde entonces está funcionando en este vehículo, trabajando con las Iglesias.

En la Primera epístola a los Tesal. 5:23, San Pablo dice que el ser humano consiste de: Espíritu,
alma y cuerpo. Cuando nos desprendemos finalmente del cuerpo denso, como lo hizo Cristo,
entonces funcionaremos en un cuerpo llamado Soma psuchicon (cuerpo anímico o cuerpo del alma)
Iº-Ep. Cor. 15:44. Este vehículo se llama "cuerpo vital" en nuestras enseñanzas, compuesto de éter, apto para ascender al cielo y bajar y de la misma naturaleza que el cuerpo de que se sirvió Cristo, después de la Crucificación. Este vehículo no está sujeto a la muerte como nuestro cuerpo físico y, eventualmente, se transmuta en Espíritu como se dice en nuestras enseñanzas y en Iº-Ep. Cor. Capítulo 15.

Vemos pues que es una cualidad del cuerpo vital el atraerse materia física y, al ser que abandona su cuerpo inconscientemente, le resulta más fácil dejar fluir las partículas físicas en su cuerpo del alma que mantenerlas alejadas. El cuerpo del alma, por supuesto, no está sujeto ni al colapso, ni a la muerte, ni a la desintegración. Por lo tanto se puede comprender porque Cristo se sirvió de este
vehículo para pasar a través de las paredes de la pieza donde estaban reunidos los Discípulos,
atrayendo entonces el material necesario para mostrarse en un vehículo físico que se desintegro en el momento que Él quiso salir. Es interesante notar que es la desintegración que requiere un
esfuerzo y no la atracción de materia física.
Nuestro Hermanos Mayores han colocado el cuerpo vital de Jesús en un sarcófago de vidrio para
protegerlo de la mirada de los curiosos o de los profanos. Ellos guardan este sarcófago en una
caverna situada profundamente en la tierra, donde sólo pueden penetrar los Iniciados. Para más
seguridad, vigilantes alertas hacen guardia frente a tan preciosa custodia; pues si fuera destruído ese vehículo, sería cortada la única vía de regreso para Cristo y Él tendría que permanecer prisionero en la Tierra hasta que la Noche Cósmica disolviera sus elementos químicos en el caos y entonces, fracasaría su misión como Salvador, sus sufrimientos se prolongarían muchísimo y nuestra evolución se atrasaría enormemente.

Cristo era libre para elegir Su vehículo de entrada en la Tierra donde Él está ahora confinado, pero después de la elección del vehículo de Jesús, Él debe salir por la misma vía. Si fuera destruido ese vehículo, Cristo quedaría como un prisionero de la Tierra hasta que el Caos la disolviera. Esto sería una gran calamidad y por lo tanto el vehículo de que se sirvió una vez está celosamente vigilado por los Hermanos Mayores.

Mientras tanto, Jesús, habría perdido todo el crecimiento del alma logrado durante sus treinta años de vida antes del Bautismo, crecimiento que contenía el vehículo entregado a Cristo. Esto era y es un gran sacrificio hecho para nosotros; pero igual que todas las buenas obras, contribuirá a su mayor gloria en el futuro. Este vehículo será usado por Cristo cuando Él venga a establecer el perfecto Reino de Dios y será espiritualizado y glorificado tanto, que cuando se le devuelva a Jesús, -cuando Cristo entregue el Reino al Padre- será el más maravilloso de todos los vehículos humanos.
Por supuesto, no se debe pensar en el Espíritu de la Tierra como en un hombre de tamaño más
grande, o que puede tener otra forma física que la de la Tierra. El cuerpo vital de Jesús en el cual se enfocó el Espíritu de Cristo antes de su ingreso en la Tierra, tenía una forma humana ordinaria; este cuerpo se conserva y se le muestra al candidato en un cierto punto de su progreso. Algún día, en un futuro lejano albergará otra vez el benévolo Espíritu de Cristo, a su regreso al centro de la Tierra, cuando ya hayamos llegado a ser etéricos y, cuando Él esté listo para ascender a las esferas superiores, dejándonos en las manos del Padre, cuya religión será aún más elevada que la religión Cristiana.

Ahora llegamos a un punto que involucra una ley cósmica que es la base de varios fenómenos
espiritistas y también fundamenta las enseñanzas de la Fraternidad Rosacruz (y la Biblia) respecto a que Cristo no volverá en un cuerpo denso sino en un cuerpo vital, demostrando también porqué Él debe volver.

Antes del año 33 de nuestra era, Jehová guiaba a nuestro planeta en su órbita y también a la
humanidad sobre el camino de la evolución desde afuera. A partir del Gólgota, Cristo entró en la
Tierra que dirige ahora desde adentro y continuará así hasta que un número suficiente de seres hayan desarrollado la fuerza anímica requerida para dirigirla y guiar a nuestros hermanos más jóvenes.
Para esto se necesita saber y poder vivir en cuerpos vitales, que tengan la facultad de levitarse. El
cuerpo vital de Jesús, por donde Cristo entró en la Tierra es Su única vía de regreso al Sol. De ahí
que el Segundo Advenimiento será en el cuerpo vital de Jesús.

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del libro "El Cuerpo Vital", de Max Heindel

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